La COP31 y el siguiente paso para la movilidad empresarial sostenible

Por Jonás Ramírez, responsable de marketing y comunicación

La próxima conferencia de las Naciones Unidas sobre el cambio climático (COP31) se celebrará en Antalya, Turquía, del 9 al 20 de noviembre de 2026. Su presidencia la ha definido como una «conferencia de implementación», centrada en convertir los compromisos existentes en avances concretos y cuantificables.

Este enfoque también afecta a los viajes de negocios. Las políticas de sostenibilidad son ya habituales en las grandes organizaciones, pero contar con una política al respecto no equivale necesariamente a reducir las emisiones asociadas a los viajes. Cada vez es más importante saber qué emisiones pueden reducirse de forma realista, cómo se mide la huella restante y qué están haciendo los proveedores al respecto. El transporte es uno de los ámbitos en los que estas preguntas tienen respuestas muy concretas.

El reto de reducir las emisiones del transporte terrestre

Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), el transporte terrestre generó algo más de 6.000 millones de toneladas de CO₂ en 2024, un 8 % más que en 2015. Los vehículos más pequeños, como los turismos, representaron más del 60 % de esas emisiones, y las proyecciones actuales de la AIE indican que las emisiones directas del transporte por carretera se mantendrán por encima de los 6.000 millones de toneladas hasta 2035.

El transporte forma, por tanto, parte de la agenda de implementación de la COP31. La Agenda Global de Acción Climática de la cumbre incluye entre sus prioridades la transición hacia energías limpias, con el objetivo de aumentar la cuota de la electricidad en la demanda final de energía desde el 20 % actual hasta el 35 % en 2035. El foco se desplaza cada vez más hacia la conversión de los compromisos climáticos en avances cuantificables.

En los viajes de empresa, el transporte terrestre representa solo una parte de un conjunto de emisiones mucho más amplio. En muchos viajes de larga distancia, la aviación tendrá un peso considerablemente mayor. Sin embargo, el transporte terrestre es también uno de los ámbitos en los que los gestores de viajes tienen un control relativamente directo sobre la elección de vehículos y proveedores y sobre cómo se abordan las emisiones generadas.

La movilidad empresarial ofrece opciones prácticas

Parte de las emisiones asociadas al transporte terrestre de ejecutivos puede reducirse mediante decisiones relativamente sencillas. El tamaño del vehículo es un ejemplo: el número de pasajeros y el equipaje pueden justificar un vehículo de mayor tamaño, pero utilizarlo por defecto cuando no es necesario implica un consumo de energía innecesario. La planificación de las rutas, los kilómetros en vacío, la eficiencia de la flota y la disponibilidad de vehículos híbridos o eléctricos también pueden marcar la diferencia.

Lo mismo ocurre con la organización del servicio. En algunos casos son necesarios varios vehículos, especialmente cuando los pasajeros tienen agendas diferentes, pero no todos los itinerarios lo requieren. Cuando sea posible, agrupar desplazamientos o mantener el mismo vehículo a disposición puede evitar trayectos innecesarios sin comprometer las necesidades propias del transporte de ejecutivos.

Estas opciones no están disponibles por igual en todas las ciudades. La oferta de vehículos eléctricos, la infraestructura de recarga y la composición de las flotas siguen variando considerablemente de un mercado a otro. Reducir las emisiones exige, por tanto, saber en qué mercados existen ya alternativas viables y en cuáles todavía no.

La reducción y la compensación cumplen funciones diferentes

La compensación de la huella de carbono genera dudas justificadas cuando se plantea como una alternativa a la reducción de emisiones. Su función resulta más convincente cuando se utiliza para abordar aquellas emisiones que todavía permanecen después de haber adoptado medidas razonables para reducirlas.

Las medidas anteriores pueden reducir la huella de carbono del transporte terrestre, pero todavía no permiten eliminarla por completo. El transporte de lujo opera en cientos de ciudades con grandes diferencias en cuanto a flotas, infraestructuras, normativas y disponibilidad de vehículos. Por eso, a día de hoy, ofrecer un servicio totalmente libre de emisiones no es una opción realista en todos los mercados.

Las emisiones restantes deben seguir midiéndose y abordándose. La compensación puede desempeñar aquí un papel, siempre que los créditos de carbono procedan de proyectos fiables y exista suficiente transparencia para comprobar qué se ha compensado y de qué manera.

Por eso, los gestores de viajes tienen motivos para ir más allá de afirmaciones genéricas sobre el carácter «ecológico» de un servicio de transporte. Las preguntas realmente útiles son qué está haciendo el proveedor para reducir sus emisiones, cómo calcula la huella restante y qué documentación respalda cualquier afirmación sobre su compensación.

Más de dos décadas compensando emisiones

Drivania comenzó a abordar su huella de carbono mucho antes de que los informes de sostenibilidad se convirtieran en una práctica habitual en las empresas. Desde el inicio de sus operaciones en 2001, la compañía ha calculado y compensado las emisiones generadas por su actividad. En 2023 completó la compensación de toda su huella histórica y, desde entonces, ha continuado haciéndolo anualmente.

A lo largo de los años, esta compensación ha contribuido a proyectos de energía renovable en países como India, Brasil, México y Costa de Marfil. Tras la auditoría de los servicios realizados en 2025, Drivania seleccionó el proyecto del parque eólico Larimar, en la República Dominicana, para su programa de compensación de 2026. El proyecto cuenta con la certificación «Verified Carbon Standard» y se estima que permitirá reducir aproximadamente 246.766 toneladas de CO₂ equivalente al año.

La certificación no ha sido la misma en todos los proyectos. Entre las iniciativas apoyadas anteriormente por Drivania figuran proyectos certificados por «Gold Standard», mientras que Larimar cuenta con la certificación «Verified Carbon Standard». Desde el punto de vista de la contratación, lo importante no es utilizar una certificación concreta, sino poder identificar y documentar el proyecto, la metodología, los créditos de carbono y la verificación que respaldan la compensación.

La sostenibilidad debe estar respaldada por datos

La información sobre sostenibilidad ya no se limita al departamento de viajes. Los equipos de contratación, los responsables de sostenibilidad, los auditores y los clientes pueden necesitar conocer cómo se calculan y abordan las emisiones asociadas a un proveedor de movilidad.

Los estándares de servicio de Drivania contemplan el transporte terrestre dentro de los informes corporativos de alcance 3, incluida la categoría 6 del Protocolo de Gases de Efecto Invernadero para viajes de negocios. La documentación sobre los proyectos de compensación, su metodología y las verificaciones correspondientes también está disponible bajo petición.

Este énfasis en aportar pruebas encaja especialmente bien con el enfoque de la COP31 en la implementación. El Acelerador de Implementación Global de la conferencia busca convertir los compromisos climáticos en soluciones que puedan ponerse en práctica y ampliarse. La movilidad empresarial opera a una escala muy diferente, pero el principio es similar: los compromisos deben estar respaldados por medidas que puedan comprobarse.

El transporte terrestre todavía tiene un largo camino por recorrer para ajustar sus emisiones a los objetivos climáticos globales. La movilidad corporativa no resolverá ese problema por sí sola, y la compensación de carbono tampoco debería presentarse como si pudiera hacerlo.

El progreso resulta más creíble cuando los proveedores pueden demostrar qué están haciendo para reducir las emisiones asociadas a sus servicios. En última instancia, esas pruebas aportan mucho más que cualquier otra promesa de sostenibilidad.