El discreto arte de trasladar a personas importantes

por Jonás Ramírez, responsable de Marketing y Comunicación

En un sector en el que unos pocos segundos pueden desbaratar toda una agenda, Drivania Chauffeurs ha construido una red global basada en un único principio: la certeza.

Quim Colomer tiene esa calma que solo se consigue tras veinte años asegurándose de que nada salga mal. Cuando nos reunimos en la discreta sede de Drivania en Barcelona, acaba de atender una llamada sobre un cambio de última hora en una comitiva en Riad. Sirve dos cafés, se recuesta y empieza a hablar como alguien que ha visto todo lo que puede ir mal en un viaje y lo ha solucionado antes de que nadie se de cuenta.

Drivania gestiona redes de choferes privados en más de 350 ciudades: cinco mil conductores, un sistema, un estándar. Tanto si alguien aterriza en São Paulo a las tres de la madrugada como si sale de una cumbre empresarial en Nueva Delhi, el trato es el mismo. Entonces, ¿por qué no utilizar un Uber Black y simplificar las cosas?

Quim sonríe levemente. «Me hacen esa pregunta muy a menudo. Por resumir, no se puede confiar en los algoritmos cuando se traslada a altos ejecutivos, diplomáticos o familias. He visto a gestores de viajes quedarse callados en cuanto se menciona el incremento de precios, o que su conductor podría haber estado trabajando para una aplicación de reparto una hora antes. Lo que quieren no es comodidad. Es certeza».

Se inclina hacia delante. «No me malinterprete, nos encanta la tecnología. Llevamos casi dos décadas desarrollándola internamente. Lo que nos plantea un reto diario no es la innovación, sino lo inesperado que puede suceder durante un viaje. La diferencia» —explica—, «está en la planificación».

En Drivania, dicha planificación empieza días antes de que el pasajero suba al avión. Desde sus inicios, la empresa ha asignado conductores con mucha antelación, una práctica que la distingue en un sector que a menudo se caracteriza por los cambios de última hora. Hoy en día, más del 90 % de las reservas son gestionadas por choferes independientes y autónomos, y una vez aceptada, esta no cambia de conductor. No hay reasignaciones sorpresa, ni incertidumbre sobre quién se presentará.

Cada chofer está geolocalizado y monitorizado en tiempo real, con el apoyo ininterrumpido del equipo de Operaciones Globales de Drivania. Si el tiempo, el tráfico o un cambio de itinerario de última hora amenazan con alterar el plan —por ejemplo, si un viajero necesita de repente recorrer 200 kilómetros más allá de la ruta reservada—, el centro de control está preparado para responder de inmediato.

Le pregunto por el retraso más crítico que haya echado a perder un viaje.

«Cinco minutos», responde sin dudar. «Estambul, 2015. Un ministro y su gabinete aterrizaron en un jet privado en Atatürk. Tras el aterrizaje, el FBO no pudo localizar al conductor. El proveedor local insistía en que el coche estaba “a dos minutos”, cuando en realidad eran veintidós. Se canceló la sesión de la mañana y eso afectó en cadena a toda la agenda del día». Quim sonríe cuando añade: «La oficina de protocolo sigue reservando todos sus viajes con Drivania».

Hoy en día, la puntualidad no es una cortesía. Es una fortaleza. Los propios conductores son la punta de lanza. Muchos son exmilitares o expolicías; algunos han realizado cursos de conducción evasiva. Saben cómo mantener una distancia segura, cómo bloquear a un vehículo que les sigue de cerca, cómo moverse por la ciudad sin parecer que tienen prisa. También saben cuándo deben permanecer en silencio.

«A este nivel», dice Quim, «la discreción tiene que venir de serie».

Quim repasa el trabajo del día siguiente: una familia estadounidense que visita París durante unos días. Su chofer ya ha revisado el itinerario, verificado cada parada y se ha asegurado de que no habrá ningún problema durante el trayecto. Los pasajeros no se preocuparán por la logística: simplemente subirán al coche, explorarán la ciudad y bajarán donde tengan que bajar.

«Ese es el truco» —dice Quim. «Hacer que parezca fácil, porque el trabajo ya se hizo días atrás».

Las agencias de viajes de lujo de todo el mundo aprecian la facilidad con la que Drivania se conecta a sus sistemas. El servicio de chofer se convierte en parte del mismo flujo de reservas que los vuelos y los hoteles: una reserva, una política de contratación, y sin cargos adicionales inesperados que justificar después.

Terminamos el café. Le pido que me haga un resumen en una única frase.

Lo piensa durante medio segundo.

«Cuando los viajeros internacionales piden a su agente: “Por favor, utilice Drivania”, es la última vez que piensan en la movilidad terrestre».

Su teléfono vibra. Se lo guarda en el bolsillo con una media sonrisa y sale a hacer lo que mejor sabe: que los viajes más importantes del mundo sean perfectamente aburridos.