La sostenibilidad ya no es un compromiso abstracto. Para Travel Managers, concierges, asesores de viajes premium y agentes de aviación privada, se está convirtiendo en un factor cada vez más presente en la toma de decisiones asociadas a los viajes.
La República Dominicana ilustra bien este cambio. Es uno de los mercados turísticos con mayor actividad del Caribe y combina viajes de negocios, turismo de alto nivel, llegadas en aviación privada y una compleja movilidad terrestre de una forma que pocos destinos logran. Pero a medida que las presiones medioambientales se hacen más visibles, emerge una nueva realidad operativa: la movilidad ya no puede tratarse únicamente como una cuestión logística.
Los retos operativos tradicionales siguen siendo los mismos:
- Las recogidas en el aeropuerto deben ser puntuales.
- Los vehículos deben cumplir estándares de alta gama.
- Los choferes deben conocer bien las rutas, los puntos de acceso y control, y las expectativas de los viajeros ejecutivos.
- Los horarios son ajustados, los pasajeros exigentes y la tolerancia ante retrasos escasa.
Sin embargo, cada vez pesa más un segundo criterio en la forma en que los gestores de viajes evalúan a los proveedores. La calidad del aire, los estándares de las flotas, la gestión de las emisiones y la transparencia de los proveedores forman ahora parte del proceso de decisión. En otras palabras, la cuestión ya no es solo si un traslado se realiza sin incidentes. También importa si el servicio de movilidad responde a las expectativas ESG cuando los clientes, los departamentos de compras o las partes interesadas internas la examinan con mayor detenimiento.
En destinos como la República Dominicana, donde muchos desplazamientos comienzan en la capital, Santo Domingo, antes de extenderse a complejos turísticos, puertos deportivos, villas privadas o centros de negocios repartidos por el país, esa responsabilidad cobra aún mayor importancia.
El contexto medioambiental que los gestores de viajes no pueden ignorar
La presión medioambiental en la República Dominicana ya no es teórica. Recientes evaluaciones han puesto de relieve riesgos crecientes relacionados con la degradación del suelo, el estrés hídrico y la vulnerabilidad de los ecosistemas. Al mismo tiempo, la flota de vehículos del país sigue envejeciendo, lo que aumenta la presión sobre la calidad del aire, según distintos informes locales.
Para los gestores de viajes, esto tiene implicaciones claras por dos motivos. En primer lugar, la movilidad terrestre ya no pasa desapercibida. Los vehículos utilizados en los traslados forman parte de la huella medioambiental de un viaje. En segundo lugar, los compromisos de sostenibilidad de los proveedores requieren cada vez más una verificación real.
Los clientes, especialmente las multinacionales, esperan que los proveedores de movilidad demuestren prácticas medioambientales creíbles y no se limiten a lanzar mensajes de marketing. Lo que antes era una consideración secundaria se está convirtiendo rápidamente en un criterio de evaluación.
Fiabilidad operativa frente a impacto medioambiental
Desde la perspectiva de la gestión de viajes, el reto resulta más operativo que ideológico. Los viajeros de negocios esperan fiabilidad, discreción y comodidad. Los traslados deben funcionar con precisión entre aeropuertos, hoteles, centros de convenciones y destinos vacacionales. Las llegadas en aviación privada, por ejemplo, suelen exigir una coordinación inmediata entre los operadores en tierra, choferes y hoteles. Los retrasos o las rutas mal planificadas pueden alterar itinerarios con agendas muy ajustadas.
Al mismo tiempo, los responsables de compras se enfrentan cada vez más a exigencias internas relacionadas con los criterios ESG. Desde los departamentos de compras se exige transparencia. Los equipos de sostenibilidad necesitan informes de emisiones. Y los clientes quieren tener la certeza de que los proveedores se alinean con los compromisos climáticos de sus empresas. La movilidad terrestre se sitúa así en una encrucijada delicada: debe ofrecer un servicio impecable y, al mismo tiempo, demostrar una gestión medioambiental responsable.
Los ecosistemas locales son relevantes en el debate sobre la movilidad
Pocos lugares ilustran este contraste con tanta claridad como la región que rodea el lago Enriquillo, en el suroeste de la República Dominicana. Se trata de una zona medioambientalmente única y, al mismo tiempo, cada vez más vulnerable. Las organizaciones que trabajan en la región llevan tiempo alertando sobre presiones que van desde cambios en el uso del suelo hasta los efectos de la variabilidad climática. Al mismo tiempo, el desarrollo de infraestructuras y el turismo continúan expandiéndose por todo el país.
Para las empresas que operan en el sector de la movilidad, esto plantea una pregunta sencilla pero importante: ¿cómo debe funcionar de forma responsable el transporte de alta gama en destinos sometidos a un creciente estrés ecológico?
La respuesta no pasa por frenar la movilidad. Los viajes de negocios y el turismo siguen siendo fundamentales para la economía del país. Pero sí exige una gestión más disciplinada de dicha movilidad. Reducir kilómetros innecesarios, incorporar vehículos más limpios cuando sea viable y garantizar una planificación eficiente de las rutas se están convirtiendo en expectativas básicas.
Cómo se traduce la movilidad responsable en la práctica
Para un proveedor de servicios de chofer, la sostenibilidad comienza con la disciplina operativa. La primera prioridad es la eficiencia: una gestión eficiente de los desplazamientos, la optimización de rutas y la reducción de kilómetros en vacío siempre que sea posible.
El segundo paso es la evolución de la flota. Los vehículos híbridos y eléctricos se están incorporando de manera progresiva en los servicios de movilidad premium en todo el mundo, y la República Dominicana también empieza a impulsar el desarrollo de la movilidad eléctrica.
El tercer elemento es la transparencia. Incluso los servicios más eficientes no pueden eliminar por completo todas las emisiones, especialmente en los desplazamientos premium donde el tiempo es un factor crítico y la flexibilidad y la disponibilidad siguen siendo esenciales.
Reconocer esas emisiones residuales y asumir la responsabilidad por ellas constituye el último paso de una estrategia de sostenibilidad creíble. Ahí es donde la compensación de la huella de carbono adquiere sentido. No como un gesto de marketing, sino como el último nivel de una jerarquía en la que la reducción siempre es la prioridad.
Proyectos de compensación locales y por qué son importantes
La compensación de carbono suele generar críticas cuando está desconectada de la realidad de las operaciones de una empresa. Sin embargo, cuando se vincula a proyectos dentro del mismo país o región donde se producen las emisiones, el impacto se vuelve mucho más tangible.
El Proyecto Eólico Larimar, en la República Dominicana, es un buen ejemplo. Ubicado en la región de Enriquillo, combina dos parques eólicos con una capacidad instalada total cercana a los 98 MW.
Más allá de generar electricidad renovable, el proyecto contribuye a sustituir la generación basada en combustibles fósiles y apoya la transición energética del país a largo plazo. De acuerdo con los datos disponibles, la iniciativa reduce más de 240.000 toneladas de emisiones de CO₂ al año, al tiempo que impulsa el desarrollo económico local.
Para las empresas que operan en la República Dominicana, apoyar proyectos como Larimar permite vincular directamente su huella ambiental con el avance del país hacia un modelo energético más sostenible.
La estrategia de Drivania: reducción ante todo, responsabilidad siempre
Para Drivania, la sostenibilidad en la movilidad no es una iniciativa reciente. Forma parte de la filosofía operativa de la empresa desde sus inicios, mucho antes de que los criterios ESG se convirtieran en un requisito habitual en la contratación de servicios de transporte.
Las mejoras operativas siguen siendo una prioridad. Esto incluye optimizar rutas, reducir kilometraje innecesario, mejorar la eficiencia en la gestión de servicios e integrar progresivamente tecnologías de vehículos más limpios en toda la red, siempre que las condiciones operativas lo permitan. Al mismo tiempo, la transparencia sigue siendo fundamental. El transporte terrestre premium, especialmente en traslados de aeropuerto con tiempos muy ajustados, sigue generando emisiones que hoy todavía no pueden eliminarse por completo.
Tras auditar los servicios realizados en 2025, Drivania ha decidido compensar las emisiones asociadas apoyando el Proyecto Eólico Larimar en la República Dominicana. Este compromiso forma parte de una trayectoria mucho más larga. En 2023, la empresa completó la compensación de toda su huella de carbono histórica desde 2001, abarcando más de dos décadas de actividad.
Esta estrategia se detalla en el Informe de Sostenibilidad de Drivania, que describe su política medioambiental, la metodología de cálculo de emisiones y la hoja de ruta de descarbonización a largo plazo.

Una nueva exigencia para la movilidad premium
Durante muchos años, la sostenibilidad en el transporte terrestre se trató como un complemento opcional. Pero ese enfoque está cambiando. En destinos como la República Dominicana, donde la movilidad premium convive con ecosistemas frágiles, flotas envejecidas y una transición energética en marcha, la responsabilidad medioambiental empieza a formar parte de la propia calidad del servicio.
Para los gestores de viajes, la conclusión es clara: elegir un proveedor de servicios de chofer ya no se limita a garantizar la fiabilidad operativa el día del traslado. Se trata también de saber si ese proveedor puede respaldar una estrategia de movilidad eficiente y creíble a largo plazo.
En la gestión moderna de los viajes, la excelencia en el servicio y la responsabilidad medioambiental ya no son cuestiones separadas. Forman parte de una misma realidad.