La carga de trabajo y el nivel de planificación necesarios para recoger a un pasajero que llega en un jet privado son muy distintos a los de una recogida en un vuelo comercial. Quienquiera que organice el servicio de transporte terrestre con chofer para la llegada de un jet privado necesita un conocimiento muy específico del sector para minimizar los riesgos de que se produzca una incidencia.
Cuando se recoge a un pasajero en una terminal comercial, el proceso es predecible. El vuelo tiene un número público que se puede monitorizar, la zona de llegadas está claramente señalizada y el protocolo es muy similar de un país a otro.
En cambio, cuando un pasajero vuela en un jet privado, el número de vuelo no es público, los lugares de recogida varían según el aeropuerto y el chofer no puede simplemente «presentarse y esperar». Esto aumenta significativamente la necesidad de contar con un profesional de confianza que esté en el lugar adecuado en el momento adecuado para la recogida. Un solo error de coordinación puede desencadenar una reacción en cadena que altere todo el horario del pasajero.
A continuación, detallaremos lo que en verdad significa coordinar las recogidas en las terminales ejecutivas y por qué cada detalle es tan importante, a diferencia de los vuelos comerciales.
Validación de la matrícula: el punto de partida para el seguimiento operativo
En la aviación comercial, cada avión tiene un número de vuelo público que puede monitorizarse tanto en el aeropuerto como a través de sitios web de uso común, como las propias plataformas de las aerolíneas. La aviación ejecutiva funciona de manera diferente. Todo gira en torno al FBO (operador de base fija, o «Fixed Based Operator», por sus siglas en inglés) de la terminal privada, que proporciona servicios esenciales para la aeronave. Estos servicios incluyen, entre otros, repostaje, estacionamiento en hangar, salas de espera para pasajeros, planificación de vuelos y servicios de conserjería.
El identificador operativo es el número de cola (la matrícula del avión). Esto significa que el seguimiento de los vuelos privados depende de herramientas especializadas o de la coordinación directa con el FBO. Esta monitorización es fundamental porque los horarios de la aviación privada tienden a cambiar con mayor facilidad. A diferencia de los vuelos comerciales, un retraso de 30 minutos no se anuncia públicamente. Sin este seguimiento, el chofer estaría operando a ciegas.
Una vez confirmada la matrícula, se activa el primer eslabón de la cadena de seguimiento operativo. Sin embargo, este es solo el primer paso. La verdadera coordinación se produce con el FBO, lo que añade un nivel adicional de complejidad.

Coordinación con el FBO: mucho más que una simple cuestión de tiempo
El FBO es el punto de contacto operativo que garantiza que nuestros choferes estén en el lugar exacto en el momento adecuado para la recogida. Esto implica mucho más que limitarse a conocer la hora prevista de llegada. Aparte de confirmar y supervisar la hora estimada de llegada, es esencial conocer la ubicación exacta del estacionamiento de la aeronave y el proceso de identificación del chofer, para que el acceso a la terminal ejecutiva sea fluido.
Otro elemento crítico es la identificación del pasajero. A diferencia de las terminales comerciales, los choferes no esperan con un cartel. Por razones de privacidad, la recogida se organiza con antelación: el chofer proporciona al FBO la matrícula del avión, el nombre del pasajero o el nombre con el que se hizo la reserva.
Una vez que el avión aterriza, el desembarque de los pasajeros suele ser muy rápido, a menudo entre 2 y 5 minutos, por lo que el tiempo es un factor decisivo. El chofer, debidamente identificado y situado, debe estar listo y esperando. Cuando la recogida es para la tripulación de vuelo, los plazos cambian por completo. Después de que los pasajeros desembarquen, la tripulación debe completar el proceso de detención del avión, que incluye apagar los sistemas, asegurar la aeronave y completar la documentación.
Este proceso puede durar entre 15 y 30 minutos, dependiendo del tipo de avión y de los procedimientos del operador o del agente de handling. El chofer debe comprender estas diferencias y coordinarse con la terminal para saber exactamente cuándo estará lista la tripulación. Todo ello pone de manifiesto que la coordinación es esencial. Sin ella, un chofer podría llegar a una terminal privada sin saber dónde está el avión o, lo que es peor, sin autorización para entrar.
Recogida en pista: cuándo se permite el acceso de vehículos a la zona aeroportuaria
En algunos aeropuertos, se permite a los vehículos acceder directamente a la pista para recoger a los pasajeros junto a la aeronave. Esto elimina la necesidad de que los pasajeros caminen hasta la terminal y mejora significativamente su experiencia. Sin embargo, no todos los aeropuertos lo permiten. Por eso es esencial conocer las normas de cada terminal ejecutiva de cada aeropuerto. No existe un protocolo estandarizado, ya que los requisitos varían según el país, el aeropuerto y la terminal.
Los aeropuertos con mucho tráfico, como Teterboro o JFK en Nueva York, no permiten el acceso directo a la pista por razones de seguridad, mientras que algunos aeropuertos regionales tienden a ser más flexibles. Cuando se autoriza la recogida en la pista, el chofer debe confirmar con antelación con el FBO si se requiere un vehículo de escolta (coche «follow-me»), si se necesitan credenciales especiales y qué puerta de acceso se debe utilizar para entrar en la zona aeroportuaria.
PPR y otros requisitos: acceso que debe gestionarse con antelación
Tal como hemos visto, no todas las terminales ejecutivas funcionan de la misma manera. Algunas aplican protocolos más estrictos que deben acordarse incluso con días de antelación. Un ejemplo claro es la terminal ejecutiva del aeropuerto de Farnborough, el principal aeropuerto de aviación privada del Reino Unido. El acceso requiere un PPR o permiso previo obligatorio («Prior Permission Required», por sus siglas en inglés), un código de seguridad único asignado a cada vuelo.
Sin este código, ni el chofer ni ningún otro proveedor de servicios pueden acceder a las instalaciones. El PPR se emite a través del agente de handling y es específico para cada acceso al aeropuerto, lo que significa que no se puede reutilizar. Otras terminales privadas pueden exigir el registro previo del vehículo o incluso una formación oficial del chofer en los procedimientos de seguridad del aeropuerto. Esto pone de relieve la importancia de asignar al conductor adecuado para este tipo de traslados.

Normas de funcionamiento de las FBO que todo chofer debe conocer
Las terminales ejecutivas son especialmente estrictas en cuanto al funcionamiento de los vehículos y los choferes en sus instalaciones. Un pequeño error puede dar lugar a incidentes de seguridad o incluso a la denegación del servicio. Algunas de las normas más comunes que deben seguir los choferes son:
- Uso del teléfono móvil: Muchas terminales ejecutivas prohíben el uso del teléfono móvil en la pista debido a la posible interferencia con los sistemas de comunicación de las aeronaves.
- Código de vestimenta: Algunas terminales exigen un código de vestimenta específico (traje o uniforme) y una identificación visible como parte de sus normas de seguridad.
- Circulación interna: Los vehículos deben respetar los límites de velocidad reducida, mantener las luces de emergencia encendidas y no circular nunca entre aeronaves estacionadas. Los choferes no pueden salir del vehículo sin autorización.
- Áreas restringidas: Determinadas zonas están restringidas al personal autorizado, por lo que los choferes deben conocer y respetar claramente los límites de su área operativa.
Seguridad en los FBO: control antes de que el avión aterrice
La diferencia fundamental entre la aviación comercial y la ejecutiva no radica solo en el nivel de servicio, sino también en el modelo operativo. La aviación comercial está diseñada para ser predecible. La aviación privada no lo es. Cada servicio es único y requiere una ejecución personalizada.
La certeza operativa que ofrece Drivania va mucho más allá de la puntualidad o la discreción. Implica validar la matrícula del avión por adelantado, coordinarse directamente con el FBO, comprender a la perfección los protocolos de acceso y operar estrictamente dentro de las regulaciones establecidas. En un contexto cada vez más exigente, contar con un socio que mantenga todos estos elementos bajo control garantiza un nivel de servicio sólido en cualquier circunstancia.