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Reflexiones sobre el coche sin conductor

No hay duda que el coche sin conductor es una de aquellas apuestas de futuro que parece cada día más próxima a realizarse. Viendo noticias en las redes referente a los desarrollos de grandes corporaciones como GoogleTeslaÜberVolvo o Mercedes, uno entiende que esto del coche sin conductor, en paralelo con el desarrollo de los coches eléctricos (que ya es una realidad en ciernes), cambiará nuestras vidas como lo hizo recientemente el teléfono móvil o eldesarrollo de Internet. Es fantástico imaginar que pronto, no tendremos que ir a recoger a los niños al colegio cada día, pues el coche lo hará por sí solo, o que podremos enviar el coche a recoger a nuestros amigos para venir a cenar mientras cocinamos la cena y además sin que nadie se preocupe por “abusar un poco” del vino en dicha cena. Poder preparar la presentación camino del trabajo, atender al bebé dentro del coche sin poner en riesgo la conducción, hacer una video-llamada mientras se está en camino, leer… Hemos oído además que estos coches sin conductor tienen muchos menos accidentes, que son más seguros, pero no se ha dicho que sean infalibles. La barrera de la seguridad y por ende de la responsabilidad será probablemente el principal escollo que el coche sin conductor tendrá que superar para convertirse definitivamente en un producto de uso común.

La seguridad del coche sin conductor

En cuanto a la seguridad, es evidente, que los sensores de las máquinas pueden ser mucho más precisos que los humanos, lo mismo sucede con la capacidad de reacción. Pero más allá de las capacidades físicas están las capacidades sensoriales y la interpretación del medio. Los humanos todavía no hemos podido replicar nuestra humanidad en el silicio o el grafeno. No podemos saber cómo reaccionará un vehículo autotripulado enfrente de infinitas posibilidades, como interpretará el medio que le rodea cuando la situación en concreto sea completamente nueva y ese ordenador no haya tenido una experiencia de vida humana. ¿Cómo interpretará un pájaro volando rasante delante del parachoques del vehículo, o un balón botando por la calle a 100m de distancia?   En la parte más delicada, tampoco sabemos cómo interactuará con el resto de conductores en los momentos que se compartan las mismas vías, ¿qué pasará cuando los conductores humanos no le cedan el paso en un atasco? Y finalmente, cuando el vehículo se vea implicado en un accidente. ¿Será el vehículo capaz de sacrificar su responsabilidad y su integridad para salvar la vida a un humano, por ejemplo provocar un accidente menor para evitar uno de mayores proporciones? La responsabilidad es otro aspecto relevante en el sector del transporte privado. Actualmente hay códigos de circulación bastante detallados en cuanto a quién tiene la responsabilidad en cada caso concreto y con autoridades competentes (juzgados), que resuelven los conflictos de responsabilidad. Con los sistemas de justicia actuales, serían necesarias nuevas normativas en cuanto a la responsabilidad de dichos vehículos y habría que definir claramente quien asume las consecuencias de las decisiones tomadas por “la máquina”. Los consumidores difícilmente aceptarán la responsabilidad, como tampoco las aseguradoras o los sistemas de compensación, que acaban siendo los propios conductores humanos. La creación de estructuras de protección de la responsabilidad serán necesarias para que el sector se pueda desarrollarse. Otro aspecto a tener en cuenta es la protección de la toma de decisiones del vehículo. Hace unos días, un par de autoproclamados hackers, consiguieron tomar el control prácticamente completo de un Jeep Cherokee de forma remota. Estos hackers consiguieron para la transmisión del coche, parar el motor, inutilizar los frenos y gestionar y manipular los elementos eléctricos del vehículo (limpiaparabrisas, ventanas, radio, aire acondicionado…). Afortunadamente, el conductor del vehículo estaba apercibido y pudo reaccionar a dichos ataques hechos accediendo a los sistemas del vehículo mediante la conexión 3G el propio vehículo. Sin duda, los coches sin conductor deberán estar conectados con el entorno y en la red pues necesitarán y compartirán información continuamente. Dejando de lado las siniestras intenciones de Skynet u otros posibles conflictos de ciencia ficción, en el mundo actual existen grupos y organizaciones que podrían usar los fallos de seguridad de programación para cometer delitos o crímenes. Evitar el mal uso de estos vehículos por parte de terceros es otra de las barreras que los ingenieros que los desarrollen tendrán que superar.

El vehículo sin conductor y la transformación social

Finalmente, y no por ello menos importante, hay el factor social relacionado con los coches o vehículos sin conductor. La revolución de la robótica industrial a finales del siglo XX, provocó una crisis social en los sectores industriales provocando paulatinamente la pérdida de lugares de trabajo en dicho sector. La solución para dichos trabajadores solo podía pasar por la formación y reconversión laboral. Algo similar puede suceder en el caso de los conductores profesionales si finalmente los vehículos sin conductor se convierten en una realidad común. En todos los sectores económicos, la automatización de tareas, la robotización y la homogenización, conllevan la transformación de las tareas operativas básicas que realizan los trabajadores en tareas de supervisión. Por tanto, el desarrollo del coche sin conductor deberá llegar de la mano de una transformación social que permita a los conductores que lo deseen encontrar un marco de desarrollo personal y profesional basado en una mejor formación y en recolocación. La tecnología ya se está desarrollando o está lista, la pelota está en el tejado de la sociedad. De los legisladores y los ciudadanos dependerá si finalmente el coche sin conductor aparece antes o después en cada lugar. De la sociedad y su rigor dependerá también si la llegada del vehículo sin conductor acaba siendo una revolución social para mejorar dichas sociedades o sirve, como en muchos nuevos productos de alta tecnología para enfatizar desigualdades. Probablemente el vehículo sin conductor acabe llegando de la mano de nuevas políticas de uso del transporte y de consumo de la movilidad. Los próximos años prometen.